Si quieres que alguien no te olvide nunca, cuéntale una historia

Leer es la forma más íntima, pura y excitante de ver tu alma reflejada en un espejo. Lo que una buena historia puede dibujar en tu cabeza, penetrando tus ideas con sus palabras... Eso no puede predecirse.

Si encuentras a alguien que cuente buenas historias, pídele que se quede contigo, aunque sea un rato.

Enciéndele una hoguera y deja que hable. Escúchale con la boca abierta, como cuando tenías 8 años.

No le interrumpas para hablar tú, porque estropearás el relato. Lo que tú sabes ya lo sabes; pero lo que un buen narrador podría dibujar en tu cabeza, encendiendo tus ideas con sus palabras... Eso no puede predecirse.

Recuerda que las historias no se rebaten; que son cuentos que no rinden cuentas. Ni a la lógica, ni a la realidad, ni a la ciencia, ni a cuáles sean tus preferencias sobre los finales.

Y cuando ya la tengas, cuando por fin te la hayan regalado y la historia se haya instalado dentro de tu cuerpo, será tuya.

Las historias pertenecen, pero no deben nada a nadie.

Si te encuentras a alguien que haga una historia para ti, solo para ti, ni siquiera pestañees. No dejes que te distraigan tus pensamientos, ni tus objeciones, ni tus vicios de adulta sobre cómo deberían ser las cosas.

Si te regalan algo así, si hacen algo así por ti, debes entender que te están ofreciendo un fragmento minúsculo de inmortalidad. Vivir también dentro de quien creó la historia y de quien la escuchó.

Y si deseas que alguien no te olvide nunca, hazle una historia.

Te diré cómo las hago yo: tal vez te sirva.

Para que sea magnífica, ya debe estar dentro de aquel a quien vas a regalársela. Quizá no sepa que la tiene o que la haya perdido, así que debes encontrarla.

Debes escudriñarle el ama con ojos de lechuza y entender qué clase de alma es, qué forma tiene y qué idioma habla. Es muy importante que le hables en su lengua, o no te entenderá.

Cuando la veas, cuando veas la narración que el otro lleva dentro, no te precipites. Todavía no es momento de contarla. Antes debes meterla dentro de tu boca, deshacerla como un caramelo e introducirla en tu garganta.

Y cuando corra por tu sangre, entonces sí.

Habrás creado algo que no existía, que no estaba en el mundo. La combinación única de lo que el otro sentía y tú supiste ver en la oscuridad, desenredando su plexo solar con los dedos desnudos.

Pero recuerda,
recuerda que cuando se la entregues,
dejará de ser tuya.

Que una historia es como introducir oxígeno en los pulmones de alguien, sabiendo que cuando exhale, el aire que tú le diste habrá cambiado.

Recuerda que las palabras no se las lleva el viento,
ni van al aire,
ni son "solo" palabras.
Y que una vez que las has depositado en el cuerpo del otro
nunca
jamás
puedes volver a sacarlas.

ALGÚN DÍA TE CONTARÉ UNA HISTORIA

No sé qué día a va a ser. Pero será como en Las mil y una noches. Empezaré por la primera y ya no pararé. De momento, puedes apuntarte aquí y buscarme en tu bandeja de entrada, de promociones o de spam para confirmar la suscripción: en alguna de ellas estaré.